Philippe Stern lanza la referencia 3940 en 1985. En plena crisis del cuarzo, Patek Philippe decidió producir, por primera vez en «gran serie», un reloj con calendario perpetuo. Esta apuesta por el futuro de los relojes mecánicos de altísima factura, que podía parecer entonces descabellada, se reveló como el anuncio de un nuevo impulso para la alta relojería suiza.
El ejemplar que proponemos, vendido inicialmente en 1988 en Glasgow (Escocia), pertenece a lo que los coleccionistas han identificado como la segunda serie de producción, y luce una rarísima variante de esfera, la llamada «doré» – una configuración que sitúa a este reloj entre los más codiciados de toda la producción de la referencia 3940.
El término «doré» designa en Patek Philippe una tonalidad champán rosado, a medio camino entre el «salmon» y el amarillo del oro de la caja. Este matiz, de una delicadeza infinita, cambia sutilmente según el ángulo de observación y la luz, creando una gran profundidad visual.
La historia de las esferas dorées sobre la referencia 3940 comienza con los 25 primeros ejemplares del modelo, producidos para Chronométrie Beyer en 1985, y que celebraban el 225 aniversario del célebre detallista de Zúrich. Aquellas piezas inaugurales, numeradas sobre la esfera y con doble firma Patek Philippe y Beyer, fueron todas ellas equipadas con esta esfera doré. El propio Theodore Beyer llevó el n.º 1, hoy expuesto en el museo Beyer. El n.º 2 perteneció al gran coleccionista Eugen Gschwind antes de incorporarse a las colecciones del museo Patek Philippe.
Lo que hace especialmente fascinante a nuestro ejemplar es que forma parte de las rarísimas 3940 dotadas de la esfera doré pero sin la firma Beyer. El Certificado de Origen Patek Philippe confirma en términos absolutos que la esfera «nació» con este reloj – reza así: «Esfera: Doré, horas en relieve en oro». Según las estimaciones más fiables – en particular las de Federico Muggia en su estudio de 2024 – , existirían menos de 25 ejemplares no-Beyer con esfera doré, todas las series confundidas. Lo que haría las esferas dorées no-Beyer aún más raras que las propias Beyer.
Nuestra 3940, con su número de movimiento 771.363, pertenece por tanto a la segunda serie de producción (1988-1995). Esta serie se distingue por varias características sutiles pero esenciales para el coleccionista avisado. Primero, los subcontadores presentan bordes biselados característicos, creando una transición en suave pendiente entre la superficie principal de la esfera y los indicadores del calendario perpetuo. Este rasgo desaparecerá en la tercera serie en favor de subcontadores planos. El indicador de año bisiesto a las 3 horas todavía no presenta la cruz de división que aparecerá más adelante – nuestro ejemplar es, por tanto, incluso una «early second series» según la clasificación de Benjamin Dunne, de Watch Brothers London, un profesional respetado que ha estudiado en detalle la producción de la referencia 3940. La tipografía conserva los remates clásicos de las primeras series, destacando los «5» que presentan esa curva característica casi cerrada en su parte superior. Los índices aplicados en oro amarillo, perfectamente proporcionados, crean con las agujas dauphine una armonía visual típica de Patek Philippe. La minutería perlada enmarca y subraya el conjunto. Además, la caja de 36 mm de diámetro presenta el punzón cabeza de martillo n.º 115, correspondiente al fabricante Favre & Perret.
En el corazón de esta 3940 late el legendario calibre 240 Q, desarrollado a partir del calibre base 240 lanzado en 1977. Con sus 275 componentes integrados en un espesor de apenas 3,88 mm, este movimiento es una de las cumbres de la micromecánica relojera del siglo XX. El micro-rotor en oro de 22 quilates, enteramente integrado en el plano del movimiento en lugar de colocado encima, hace posible esta finura. Su masa periférica considerable compensa el radio de rotación reducido, garantizando una cuerda eficaz pese a su tamaño mínimo. El sistema de cuerda unidireccional, patentado bajo el número CH 595 653, elimina el inversor y reduce así las pérdidas por fricción. El propio módulo de calendario perpetuo es una obra maestra de ingenio. Las levas y palancas superpuestas «leen» mecánicamente la duración variable de los meses, integrando la complejidad del ciclo bisiesto sobre cuatro años. La programación mecánica es tan precisa que, una vez ajustado el reloj, teóricamente no será necesario ningún retoque antes del 1 de marzo de 2100 – fecha en la cual la excepción secular del calendario gregoriano obligará a una corrección manual. El Punzón de Ginebra, visible sobre el movimiento de nuestro ejemplar (las iteraciones posteriores portarán el Sello Patek Philippe), da fe de un acabado conforme a los estándares más altos de la relojería ginebrina: angulados pulidos, côtes de Genève, tornillos pavonados, perlado… Cada componente está decorado, incluso aquellos invisibles una vez el movimiento montado.
La 3940 ocupa un lugar único en la historia moderna de Patek Philippe. Producida de 1985 a 2007, con un breve retorno en 2015 para las ediciones especiales llamadas «Saatchi», suma aproximadamente 7.000 a 8.000 ejemplares entre todas las variantes. Una cifra que puede parecer elevada pero que, repartida a lo largo de 22 años de producción y segmentada entre cuatro metales (oro amarillo, oro rosa, oro blanco, platino) y múltiples configuraciones de esfera, hace que cada variante concreta resulte relativamente rara, en particular dentro de las dos primeras series. El propio Philippe Stern, presidente de Patek Philippe de 1993 a 2009, llevaba a diario una 3940 en oro amarillo… ¡con esfera doré! El mercado actual reconoce por fin a la 3940 en su justa medida. Durante mucho tiempo considerada «demasiado común» frente a las referencias vintage, hoy se entiende como el eslabón perdido entre la alta relojería artesanal del pasado y la producción moderna. Los ejemplares con esfera doré, especialmente raros, alcanzan cada año precios crecientes, tanto en subastas como en transacciones privadas.
El ejemplar que proponemos desprende un encanto neo-vintage innegable. Además, la presencia, casi 40 años después de la venta inicial de este reloj, del conjunto completo de sus accesorios originales – hebilla de espiga Patek Philippe en oro amarillo, estuche en marquetería de madera, contra-estuche burdeos, Certificado de Origen completo, porta-documentos en piel burdeos, libreto original, pulsador corrector, etiqueta original con el número del movimiento, etiqueta de cartón de servicio con los números del movimiento y de la caja, y bolsa en ante rojo – da testimonio del esmero con que este Calendario Perpetuo Fases de Luna ha sido cuidado desde su adquisición en 1988.
Para el coleccionista avisado, esta Patek Philippe referencia 3940 con esfera Doré, revisada por Patek Philippe en Ginebra en 2023 y funcionando a la perfección, representa una oportunidad excepcional para hacerse con una de las variantes más raras y estéticamente logradas de lo que muchos consideran el rey de los calendarios perpetuos modernos. Un reloj complejo e históricamente relevante, que condensa todo lo que define a Patek Philippe.