La sociedad Vulcain se fundó en 1858 en Suiza, en La Chaux-de-Fonds, y fabricó relojes de bolsillo hasta mediados de los años 1940, momento en el que se orientó hacia los relojes de pulsera. La idea de un reloj-alarma no era entonces nueva: empresas competidoras ya lo habían intentado a principios de siglo, sin llegar realmente a producciones en serie debido a importantes retos técnicos: la alarma no tenía suficiente potencia, y la cronometría resultaba imprecisa y limitada en el tiempo, precisamente por la presencia de la función de alarma.
En 1947, Vulcain resuelve estos problemas de precisión mediante el empleo de dos barriletes en lugar de uno. Esto significa que la energía necesaria para el funcionamiento de la alarma no se extrae de la misma fuente que la utilizada para el funcionamiento del reloj propiamente dicho. El volumen de la alarma fue un problema más difícil de resolver. El físico Paul Langevin, consultado por Vulcain, buscó entonces inspiración en la naturaleza. Si un pequeño grillo minúsculo puede producir un sonido que se escucha a grandes distancias, reflexionó, sin duda es posible reproducir ese principio en un reloj. Tras varios años de desarrollo, Vulcain patenta así su innovador método, que utiliza un martillo para golpear una membrana interna, mientras que un doble fondo de caja perforado actúa como cámara de resonancia para amplificar el sonido de la alarma.
Con semejantes proezas técnicas, solo le faltaba a Vulcain una campaña publicitaria ingeniosa para popularizar su nuevo modelo. Y entonces sucedió algo inesperado. En 1953, cuando el mandato de Harry S. Truman tocaba a su fin, los fotógrafos de prensa de la Casa Blanca regalan al presidente estadounidense un Vulcain Cricket en oro de 14 quilates grabado al dorso con « One More Please », guiño a esa frase que los fotógrafos de personalidades repiten sin cesar a sus protagonistas. Ese reloj se encuentra hoy en la Truman Presidential Library & Museum. Es el nacimiento de un vínculo sólido y duradero entre el reloj-alarma Vulcain y los presidentes de los Estados Unidos.
Eisenhower, por ejemplo, luce un ejemplar durante una rueda de prensa en la que se anuncian nuevos aranceles sobre los relojes suizos y en la que su alarma se dispara – lo que divierte a todos los presentes por lo insólito de la situación. El 20 de mayo de 1955, la National Association of Watch and Clock Collectors estadounidense obsequia al vicepresidente Richard Nixon con un Vulcain Cricket tras su discurso. En 1960, éste escribe una carta a la manufactura suiza: « [Mi Vulcain Cricket] me ha prestado excelentes servicios durante estos últimos cinco años y me ha servido de despertador por todo el mundo ». En 1988, Keijo Paajanen, que había retomado la manufactura en plena crisis del cuarzo en la relojería suiza, regala un Vulcain Cricket al presidente Ronald Reagan. Y en 1990 a George W. Bush – y en ese mismo momento, Mijaíl Gorbachov recibe también un ejemplar que lucirá después en la portada de la revista Time. El presidente Gerald Ford recibe asimismo un Vulcain Cricket de manos de Keijo Paajanen en 1995, con motivo de la celebración del 20º aniversario de los acuerdos de Helsinki. En 1997 le llega el turno a Bill Clinton de recibir el suyo. Y así sucesivamente, hasta Barack Obama y Donald Trump en tiempos más recientes.
El presidente estadounidense más vinculado al Vulcain Cricket sigue siendo, sin duda, Lyndon B. Johnson, un apasionado reconocido, fotografiado con varios ejemplares en la muñeca a lo largo de su vida. Incluso donó uno a su museo presidencial. Hace algunos años apareció una carta: LBJ le escribe a la casa Vulcain: « Les estoy profundamente agradecido por la amabilidad con la que han preparado mi reloj-alarma Cricket. Lo aprecio enormemente y no me siento del todo vestido sin él ». Su admiración por este reloj llegó al extremo de pedir a sus colaboradores, con motivo de un viaje oficial, que recorrieran Ginebra para comprar todos los Cricket disponibles (unos 200) y regalarlos después a sus anfitriones y interlocutores. Otros testigos de la época afirman incluso que LBJ programaba a menudo la alarma de su reloj para que sonara durante determinadas reuniones, con la intención de poder abandonarlas antes. ¡El volumen de la alarma del Cricket era tal que el Servicio Secreto, encargado de la protección de los presidentes estadounidenses, llegó a creer en más de una ocasión que había una bomba en la sala!
Nuestro reloj pertenece a la primerísima serie de Crickets y está, por tanto, equipado con el calibre Vulcain 120, movimiento mecánico de cuerda manual dotado de un segundo barrilete independiente para la función de alarma (20 segundos), que desde su presentación fijó un nuevo estándar de calidad y de funcionalidad para los relojes-alarma. Su esfera plateada está en muy buen estado, al igual que sus agujas y sus números arábigos luminiscentes (base radio). La caja de acero inoxidable cuenta con un doble fondo enroscado, abombado y perforado para obtener una cámara de resonancia que aumenta el volume del sonido, un pulsador de activación/desactivación de la alarma a las 2 horas y un cristal de plexiglás sustituido por uno nuevo para una legibilidad perfecta.
Una oportunidad excepcional de hacerse con la versión más deseable y codiciada de este modelo histórico, aquí magníficamente conservada y objeto de una revisión de especial alto nivel que le ha valido los honores de la Escuela de Relojería de París.