Mucho antes del Royal Oak, la reputación de Audemars Piguet se forjó en dos terrenos: las grandes complicaciones y la extrema delgadez. Ya en 1938, su calibre 9ML, de 1,64 mm de grosor, es el movimiento de reloj de pulsera más plano del mundo – pero sigue siendo poco difundido: la manufactura solo compra algo más de setecientas bases en quince años. Estamos entonces en una manufactura de artesanos que, a comienzos de los años 1950, vende menos de un millar de relojes al año.
Es en este contexto cuando nace, en 1953, el calibre 2003. Su base se desarrolla en Le Sentier, en LeCoultre & Cie, bajo la dirección de Maurice Audemars, y se reserva a un puñado de casas: Audemars Piguet obtiene la primicia, Vacheron Constantin no lo adoptará hasta 1955, con motivo de su bicentenario, bajo el nombre de calibre 1003 – y Jaeger-LeCoultre, que sin embargo lo había diseñado, nunca lo alojará en un reloj con su nombre. Con 20,8 mm de diámetro y 1,64 mm de grosor – menos que una moneda de un céntimo de euro –, iguala el récord de delgadez del 9ML al que sucede, ganando al mismo tiempo en robustez: 17 rubíes, 18.000 alternancias por hora y una arquitectura de tal pureza que la manufactura derivará de ella, unos quince años más tarde y con el concurso de LeCoultre, su célebre calibre automático extraplano 2120, el mismo que, en versión con fecha, animará el primer Royal Oak. El éxito es inmediato: en 1958, cerca de tres cuartas partes de los relojes Audemars Piguet lo montan, y permanecerá en catálogo hasta 2003 – medio siglo de producción y más de 60.000 ejemplares. Mientras el 9ML había quedado como una proeza de laboratorio, el 2003 convierte el extraplano en una verdadera producción en serie.
La referencia 5043, lanzada ese mismo año y producida hasta 1972, es el reloj concebido para él – y, durante casi veinte años, uno de los modelos más vendidos de la casa. Su caja redonda de 32 mm, de oro amarillo de 18 quilates, se construye en tres partes: un bisel pulido espejo, unos flancos satinados y unas asas de cantos achaflanados cuyas facetas captan la luz. El fondo, a presión, está perlado en su interior y lleva estampada la Llave de Ginebra n.º 23, punzón de maestro de Eggly & Cie – uno de los grandes fabricantes de cajas ginebrinos, que trabajó también para Vacheron Constantin y Patek Philippe. El conjunto no llega a los cinco milímetros de grosor, cristal incluido. La esfera plata-marfil, firmada Audemars Piguet Genève, se ciñe a lo esencial: índices bastón impresos, dobles a las 12, y agujas bastón afiladas doradas. Una corona plana, un cristal de plexiglás abombado: nada sobresale, y ese es precisamente el propósito. El reloj de vestir por excelencia.
Nuestro ejemplar, producido circa 1955, lleva los números 51xx (caja) y 60xxx (movimiento). Para situar este último: en ochenta años de existencia, la manufactura solo había producido entonces unos treinta mil movimientos. Los 5043 que nos llegan hoy han sufrido, en la mayoría de los casos, a causa de su propia delgadez: cajas repulidas con asas redondeadas, esferas rehechas, agujas o coronas sustituidas. No es el caso aquí. El reloj nunca ha sido pulido: las facetas de las asas están vivas, la delimitación entre el bisel pulido y los flancos satinados está bien marcada, y los punzones – cabeza de Helvetia en el asa y en el interior del fondo, ley «18K 0,750», Llave de Ginebra n.º 23 – presentan una nitidez notable, de esas que un solo pulido basta para borrar. La esfera plata-marfil original se encuentra en muy buen estado.
El calibre 2003 ha sido revisado íntegramente por uno de nuestros relojeros experimentados y funciona perfectamente. Regulado a las temperaturas y en cuatro posiciones, como indica el grabado del movimiento, da testimonio del esmero que la manufactura dedicaba entonces a cada uno de sus mecanismos – un calibre de 1,64 mm no se produce en cadena. Presentamos este reloj con una correa nueva extraplana de piel de aligátor negro, hecha a mano por nuestro artesano sin costuras visibles para respetar la delgadez de la caja, y completada con una hebilla ardillón chapada en oro amarillo. Se entrega con nuestra Tarjeta de Garantía en acero.
Un Audemars Piguet de los años 1950 conservado en un estado que prácticamente ya no se encuentra, animado por el calibre que sostuvo a la manufactura durante medio siglo: a nuestro juicio, el reloj de vestir por excelencia – para deslizar bajo el puño de una camisa, tanto a diario como en las grandes ocasiones, y para transmitir algún día.