En 1932, en plena Gran Depresión, los hermanos Jean y Charles Stern, fabricantes de esferas y proveedores de la casa, toman el control de Patek Philippe. Ese mismo año aparece la referencia 96: es el primer modelo de la manufactura en llevar un número de referencia – una caja redonda de ± 31 mm, una esfera depurada y un pequeño segundero a las 6 horas, diseñados conforme al principio de la Bauhaus según el cual la forma deriva de la función. Inaugura el linaje de los Calatrava, nombre de la cruz que la manufactura registró como emblema el 27 de abril de 1887. Ya en 1934, la referencia 96D – «D» de decoración – viste su bisel con un motivo «Clous de Paris», esas pequeñas pirámides talladas en punta de diamante que captan la luz sin llegar nunca a brillar. Nace así el Calatrava con bisel Clous de Paris, que se convertirá en una de las señas estéticas de Patek Philippe.
En 1965, Patek Philippe presenta la referencia 3520, que anuncia entonces como el reloj hermético más plano del mundo: una caja de dos piezas cerrada por un fondo roscado, de 32 mm de diámetro y apenas 5,5 mm de grosor. En 1972, la 3520D ofrece su versión con bisel decorado – Clous de Paris, esfera blanca con cifras romanas, asas rectas –, y es este diseño, casi sin cambios, el que la 3919 de 1985 llevará a 33,5 mm y hará célebre durante más de veinte años, antes de la 5119 de 2006 y la 6119 actual. La 3520D, por su parte, permanece en catálogo un cuarto de siglo, discreta y constante. Existe en oro amarillo, en oro rosa y en oro blanco, siendo este último claramente menos frecuente.
Bajo la esfera late el calibre 177, un movimiento de cuerda manual extraplano de 9 líneas – 20,8 mm de diámetro y 1,77 mm de grosor – derivado del célebre calibre base Frédéric Piguet 21 de 1925, que Patek Philippe retoma y eleva a sus propias exigencias: 18 rubíes, 21.600 alternancias por hora, volante Gyromax de masas de regulación, reglaje «heat, cold, isochronism, 5 positions» grabado en los puentes, y el Sello de Ginebra, garantía tanto de acabado como de precisión.
El ejemplar que tenemos el placer de proponer es una 3520D en oro blanco de 18 quilates, cuyos números de serie – 1’369’xxx para el movimiento, 2’818’xxx para la caja – sitúan su producción hacia 1986. La caja procede de los Ateliers Réunis, la fábrica ginebrina de cajas en cuyo capital entra Patek Philippe a mediados de los años 1970 y cuyo antiguo taller de la rue des Vieux-Grenadiers alberga hoy el Patek Philippe Museum: su punzón de maestro, la Llave de Ginebra n.º 28, está estampado en el interior del fondo, junto a la cabeza de Helvetia, la ley «18K 750», el número de caja y la referencia «3520 D». La caja ha conservado sus proporciones y la nitidez de sus acabados – bisel Clous de Paris de pirámides bien dibujadas, fondo roscado de seis muescas con satinado circular, asas rectas – y los punzones del flanco izquierdo siguen bien presentes. La corona lleva estampada la cruz de Calatrava.
La esfera blanca es de una sobriedad perfecta: doce cifras romanas pintadas en negro, la firma «PATEK PHILIPPE GENÈVE» y la mención «SWISS» a las 6 horas, nada más – ni siquiera un segundero. Las finas agujas bastón de acero pavonado se dibujan sobre ella con nitidez. El calibre 177 ha sido revisado íntegramente por uno de nuestros relojeros experimentados y funciona dentro de las tolerancias más estrictas. Presentamos este reloj con una correa Patek Philippe de piel de cocodrilo negra, cerrada por su rara y codiciada hebilla ardillón original de oro blanco de 18 quilates firmada «AW» – André Wenger, el fabricante de cajas ginebrino que suministró a Patek Philippe la mayoría de sus hebillas durante décadas –, y lo acompañamos de una funda Patek Philippe rectangular de piel color chocolate, así como de nuestra Tarjeta de Garantía en acero.
32 mm y 5,5 mm de grosor, una esfera blanca con cifras romanas bajo un bisel Clous de Paris: la 3520D es, a nuestro juicio, el Calatrava reducido a lo esencial, aquel del que descienden en línea directa la 3919 y los Clous de Paris actuales. En oro blanco, resulta más discreta aún, se desliza bajo el puño de una camisa y se adapta tanto a muñecas masculinas como femeninas. Un reloj para llevar a diario y en las ocasiones más elegantes, y para conservar durante mucho tiempo.